Debido a la emergencia sanitaria en la que vivimos desde hace más de un año, la forma de trabajar y de relacionarnos ha cambiado. Uno de los principales desafíos que nos plantea la actual pandemia del SARS-CoV-2 es intentar encontrar un equilibrio entre el teletrabajo y la vida personal. Si bien por un lado puede ahorrar tiempos de traslado, costo de transporte y en algunos casos permite mayor autonomía pudiendo tener más flexibilidad en organizar los tiempos de trabajo, los límites entre la vida personal y laboral se ven muchas veces difuminados, y la salud mental de las personas se ha visto afectada.  

La Organización Internacional de Trabajo señala que el teletrabajo puede significar un aumento de las enfermedades de Salud Mental.  Altas cargas y ritmos de trabajo y las largas jornadas laborales, constituyen factores de riesgo psicosocial. Así también, la percepción de tener que estar disponible en todo momento y en todo lugar, la excesiva fragmentación de las tareas, la escasa autonomía y control sobre las tareas, pueden afectar negativamente a la salud mental de los teletrabajadores, causando enfermedades profesionales como el agotamiento físico y mental (burnout), el estrés relacionado con el trabajo y la depresión (Bueno, 2020).  

A los factores de riesgo mencionados, se suma la necesidad de conciliar el teletrabajo con el cuidado de los hijos y las tareas domésticas,  lo que puede suponer una desventaja potencial para las mujeres ya que generalmente tienen que encargarse de estas labores  (Eurofound y OIT, 2019).   

Como equipo de Salud Mental, nos hace sentido reflexionar en torno a la temporalidad en pandemia, y al malestar subjetivo que ha podido causar la noción del tiempo en los individuos. En este contexto, intentamos adaptarnos, buscando cumplir con las exigencias y productividad de la vida como si no estuviéramos en pandemia.   

Para algunas personas el tiempo se acelera y para otras se detiene. De esta forma, podemos olvidar cosas básicas como son el beber agua o caer en un estado de desgano en el que nos sumerge la rutina.  

En este sentido, consideramos importante transmitir formas de contribuir a la Salud Mental de las personas, tales como delimitar los tiempos y los espacios de trabajo, los espacios físicos en lo posible, pero también los medios digitales a través de los cuales no comunicamos en el desempeño de nuestra labor. Así también, sugerimos establecer períodos necesarios de descanso, no trabajar los fines de semana, organizar y dividir labores domésticas entre los miembros de la familia y mantener espacios de encuentro con otros, para lo cual las tecnologías de la comunicación pueden ser de ayuda.   
   


REFERENCIAS:

Bueno, C. (2020). Teletrabajo y salud mental: Avances y desafíos más allá de la pandemia. Consultado el 18 de Abril de 2021 en:  

https://www.ilo.org/santiago/publicaciones/reflexiones-trabajo/WCMS_757609/lang–es/index.htm

Eurofound & OIT (2019). Trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar: consecuencias en el ámbito laboral. Ginebra: OIT. Citado en El teletrabajo  durante la pandemia de COVID 19 y después de ella, guía práctica. Consultado el 18 de Abril de 2021 en:  

https://www.ilo.org/global/publications/WCMS_758007/lang–es/index.htm