La catástrofe sanitaria que vive el mundo y en particular nuestro país, nos pone en alerta a toda la población generando incertidumbre, inestabilidad económica, y todas las falencias de los más vulnerables se hacen más notorias lo que lleva a la aparición de otras pandemias más silenciosas como el hambre, la pobreza, la emigración y la salud mental alterada de grandes grupos de compatriotas y de seres humanos en el mundo. 

Las medidas de confinamiento y distanciamiento físico y social. El teletrabajo la educación a distancia, la inestabilidad laboral o la cesantía han creado una crisis de adaptación relevante para todos y cada uno lo vive de manera diferente y los grupos familiares y solidarios promueven acciones de protección para los estamentos más desvalidos. 

Los gobiernos y las clases dirigentes no logran desarrollar políticas eficaces para lograr mitigar estas catástrofes en cadena que se observan. Los seres humanos han estado expuestos a estas catástrofes en los siglos pasados y han podido recuperarse después de años de sufrimiento y privaciones. Pero esas experiencias traumáticas han dejado algunas lecciones que se pueden tomar para lograr mitigar estas que estamos viviendo. Un concepto útil que puede ayudarnos en estas circunstancias es estimular conductas y factores que conduzcan a resistir estos embates de la naturaleza, desde estas líneas podemos señalar el concepto de RESILIENCIA y los factores que la puedan desarrollar o entorpecer. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2004), señala que la capacidad para afrontar las adversidades, así como evadir el colapso nervioso es diferente en cada persona, y que no todas las respuestas de estrés son patológicas, si no que algunas pueden ayudar para hacer frente a la situación de manera más efectiva. En este sentido, Badilla (2009) considera que cuando una persona se enfrenta a una situación adversa puede generar mecanismos de protección ante esa situación, que tienen una relevancia importante para su salud y para el afrontamiento de futuros acontecimientos estresantes. Por ello, es importante analizar los elementos personales y del contexto que favorecen o dificultan la resiliencia.   

¿Qué es la resiliencia? LA RESILIENCIA es un concepto de la física que, al someter a un elemento físico a condiciones de exigencias, así se fortalece, se hace menos vulnerable y más flexible. Esto se ha aplicado a la psicología y es posible que el ser humano desarrolle acciones para poder hacerse “resiliente” a las catástrofes o a condiciones negativas o adversas. Y se puede describir como “la capacidad del ser humano de superar situaciones adversas, saliendo fortalecido de ella” (Bowlby). 

La resiliencia implica un proceso de adaptación, gestión y negociación de la adversidad (Goodman, Saunders y Wolff, 2020)

Llamamos resiliencia a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, de adaptarse adecuadamente a la adversidad, a un trauma, a un padecimiento o amenaza. Es una respuesta subjetiva que se expresa ante este tipo de experiencias traumáticas. La resiliencia implica un proceso dinámico en el que influyen factores internos, familiares y sociales. Ser una persona resiliente no significa que no se sienta angustia o dolor ante las malas experiencias. Negar o minimizar estas emociones puede en muchos casos llevar a situaciones de mayor dificultad emocional. Aceptar el momento de dolor y de incertidumbre es parte del proceso para que la persona logre un bienestar psicofísico a pesar de las adversidades. 

El proceso resiliente se caracteriza por ser un momento de toma de consciencia sobre las necesidades, capacidades y limitaciones, aceptación de la vulnerabilidad, potencialidad creativa, aprendizaje de la experiencia vivida, flexibilidad ante cambios o situaciones difíciles, relativizar y ver con perspectiva el momento vital.  

Este proceso resiliente en el ser humano se desarrolla desde los primeros momentos de vida, en la relación entre el bebé y las primeras figuras de cuidado, y evolucionará constantemente en la relación entre el individuo, la familia y la sociedad. El apego seguro podrá hacer más resiliente a una persona, los individuos que no lo han tenido por razones sociales, ambientales y genéticas estarán más expuestos y podrán estar menos preparados para desarrollar conductas y acciones resilientes en momentos y tiempos de adversidad. 

Una persona resiliente tiene “la capacidad de controlar las emociones, tener empatía, capacidad para enfrentar las adversidades, así como habilidades de socialización para afrontar los retos de la vida”. 

Factores que determinan el proceso resiliente: 

Algunos factores que producirán un mejor enfrentamiento a estas condiciones desfavorables de nuestra realidad local y del mundo pueden ser mencionadas para promoverlas y practicarlas diariamente para poder sobrellevar las condiciones adversas que estamos viviendo. A lo largo de nuestra vida hay numerosos factores que determinarán este proceso. Que pasamos a describir brevemente a continuación:   

Tipo de relaciones Un apego seguro es la base para el proceso resiliente como se ha mencionado. Un marco relacional (familiar y social) estable y flexible permitirá una contención y el desarrollo de recursos psicológicos. Los grupos de confianza y redes de apoyo ayudan a neutralizar los estímulos amenazantes y nos aportarán sentimientos de amparo y seguridad en nosotros mismos.  

Aceptar la ayuda y el apoyo de las personas cercanas nos proveerá de sentimientos de afecto y de pertenencia. Y en ausencia de estos pedir ayuda profesional o grupos a autoayuda pueden ser otro factor.  

Creatividad, la capacidad de creación supone una alta estimulación positiva para la persona. La creatividad permite tomar conciencia de aspectos de uno mismo desconocidos y puede fortalecer la autoestima. Asimismo, nos ayuda a descubrir otras maneras de pensamiento y acción para aprender que la vida puede ser experimentada de diversas formas. 

Actividades recreativas que posibiliten aprender cosas nuevas, desarrollar habilidades, relacionarse con otras personas y distraer la mente, tales como deportes, voluntariados, actividades artísticas, educativas o al aire libre en la medida de lo posible. Aquellas pueden aumentar la capacidad de resolución de problemas o de considerar diversas perspectivas para afrontar una situación nueva. 

Aceptar el cambio, sin cambio no hay evolución, además, es inevitable.  

Aceptar la realidad nos obliga a modificar expectativas y deseos de vida, y asumir sentimientos de frustración e indefensión. Por otro lado, nos ayuda a centrarnos en las situaciones que sí son potencialmente modificables. 

Usar el humor, el humor nos permite rebelarnos ante la realidad, desdramatizándola y liberándonos de parte de su carga de incertidumbre y temor. El humor es un recurso muy valioso para tener una respuesta emocional satisfactoria y librarnos del sufrimiento. En la actualidad se ha producido una viralización del sentido del humor. Todos los memes, a través de internet, tienen que ver con mecanismos sociales necesarios para afrontar los momentos difíciles.  

Factores que obstaculizan la capacidad de ser resilientes o de sobreponerse en momentos de adversidad: 

Desarrollar actividades diarias en espacios reducidos y muy acinados, genera estrés físico y mental a las personas que viven de esa forma, reduciendo su tolerancia a la frustración y capacidad de controlar sus impulsos en situaciones de adversidad.    

Estar expuestos al exceso de información de noticias falsas y alarmistas genera una “Infoxicación” en la mente de los seres humanos, generando una predisposición negativa hacia el bien estar de las personas, siendo menos empático con las necesidades de los otros. 

Aquellas personas que han experimentado miedo, agresividad, desesperación, ansiedad, sensación de descontrol e ira, tienden a mostrar valores más bajos de resiliencia.   

Vivir en una sociedad sin compromiso moral, ético y espiritual produce comunidades menos resilientes, apegadas solo al consumismo y búsqueda de estabilidad económica.  

La resiliencia es el arte de resurgir y puede ser una gran invitación para que cualquier ser humano pueda vivir sus adversidades como verdaderas posibilidades de crecimiento, desarrollando capacidades como tener una mejor autoestima; vivir y actuar con mayor independencia, relacionándonos desde una manera colaborativa con las personas.   

Convivir con estas emociones como el miedo a la infección, la preocupación por el bienestar de personas cercanas y queridas, incertidumbre, así como ansiedad, se han convertido en parte integral de la vida diaria de muchas personas, y sin duda, tendrá profundos efectos en salud mental en la población en general (Gausman, et al., 2020). 

En muchas ocasiones, los seres humanos no podemos superar con éxito este tipo de situaciones. En estos casos, se hace necesario recurrir a un profesional de la salud mental para que nos ayude a resolver estos procesos vitales.  

Existen algunos instrumentos para evaluar la Resiliencia que son auto aplicados que podrían darle una idea personal de cómo es su resiliencia actual frente a la crisis social, sanitaria y de salud mental que estamos viviendo. 

Fuentes: 

1.- https://www.ucsc.cl/blogs-academicos/resiliencia-en-tiempos-de-pandemia/ 

2.- Resiliencia en tiempos de coronavirus | El Correo https://www.elcorreo.com/sociedad/salud/imq/resiliencia-tiempos-coronavirus-20200328123139-nt_amp.html 

3.- Romero, C. (2015). La Recreación en el fomento de la resiliencia. Revista de Ciencias de la Actividad Física UCM. N° 16 (1), 63-80. 

Equipo Salud Mental Adulto y Familia