Happycracia y la Salud Mental:
¿Qué sucede cuando queremos imponernos la felicidad?

En los últimos años los libros de autoayuda han colapsado el mercado de la literatura con frases positivas y una visión sesgada del optimismo. La búsqueda constante por ser feliz, podría ser un intento canallesco de tapar el sol con nubes de colores. Ahora bien: ¿Qué te podría suceder si no eres feliz a cada momento? 

Si tuviéramos que conceptualizar y darle una definición a la “happycracia” sería, ni más ni menos, que la felicidad impuesta. Dicho en otras palabras, sería como llevar una sonrisa dibujada, tan forzada como fría y carente de alma. 

Nuestros sentimientos, al igual que si de una moda se tratase, pretenden ser impuestos y mostrados en un constante estado de algarabía, aunque no sea ese el momento por el cual estamos pasando. Frases como “no hay pensamientos negativos en una mente positiva”, “rodéate de gente positiva” “ten sentido del humor” “practica la charla positiva contigo mismo”, etc. dejan de lado los aspectos inconscientes de los estados de ánimo, justamente aquello que no conocemos de nosotros mismos y que se nos impone en ese camino a alcanzar esa felicidad añorada.  

Y este golpe de efecto, que mayormente viene desde las publicidades que muestran frases simples y carentes de contenidos, en donde la felicidad pasa por ponerte un desodorante o tomar una bebida que te aligerará el tránsito intestinal parece obligarnos a ser felices a toda costa. 

Sin embargo, la vida no funciona bajo esos parámetros con tintes ruines y empalagosos. La tiranía de ser felices a toda costa y tener que mostrar una sonrisa complaciente cuando nos sentimos desamparados y al borde del abismo, puede traer consigo efectos negativos. 

 

¿Cómo son nuestras emociones? 

Para poder comprender esto, debemos ser conscientes que nuestras emociones son fluctuantes y que cambian a cada segundo y en cada momento. 

Esta imposición que pretende ejercer la happycracia sobre nosotros nos hace portar una máscara, la de la felicidad constante y esto nos empuja a tener que esmerilar nuestros verdaderos sentimientos, dolores y pesares. Pero lo peor de todo, nos lleva a desoír por un absurdo mandato social, los mensajes que gritan sordamente desde nuestro interior.  

Cuando hemos caído en esa trampa, la exigencia de la felicidad impuesta, afecta en corto o mediano plazo a nuestra salud mental; esto se debe a la exigencia que conlleva una desconexión emocional. 

¿Tenemos la obligación de ser felices siempre? 

Al hablar de la felicidad pueden surgir diferentes interrogantes, pero hay uno que siempre subyace ante cada conversación: ¿Qué es la felicidad? 

A pesar de que los pregoneros y fundamentalistas de la felicidad pretendan decirnos lo contrario, alcanzar la felicidad parecería ser un reto para nada sencillo. Tan solo entendiendo que, si fuera tan simple como aprenderse las frases de un libro, se hubieran erradicado hace años los sentimientos de sufrimiento y de vacío, o incluso no existiría lo que muchas personas sienten como auto boicot. 

 

Nuestras emociones tienen un cometido, una función, que, por ejemplo, en el caso de aquellos momentos en los que estamos tristes, se encargan de hacernos avanzar despacio y con cautela mientras se va desarrollando según los procesos de cambio. 

Además, el sentimiento de tristeza esta íntegramente relacionado con el inconformismo, con estar poco satisfecho con algo; y esto puede ser determinante para darnos el impulso y exigirnos a dar el salto que cambie nuestra realidad, pero, también esa tristeza, nos puede llevar a cuestionarnos qué es aquello que nos mantiene insatisfechos, qué tan realista son los proyectos o ideales que tenemos y que suponemos que nos harían felices.  

Es posible que sin un sentimiento frustrante de dolor, incomodidad e insatisfacción no se produzcan jamás los cambios, no se produzcan jamás las evoluciones, tanto en la realidad externa, pero sobre todo en nuestro mundo interior.  

Sin embargo, otro de los sentimientos que no debemos ocultar, aunque sea incomodo admitirlo, es el de la ira. Este sentimiento nos cuida de las amenazas y es que cuando sentimos que algo está próximo a lastimarnos nos irrita, nos da miedo y hace surgir en nosotros la ira. Es la ira la que se hace presente para protegernos ante ciertas circunstancias, e incluso como un mecanismo para evitar angustias profundas. 

¿Con esto queremos decir que estos sentimientos son buenos? No, e incluso podrían ser dañinos, pero son sentimientos que nos hablan y nos hacen actuar en consecuencia. Pero sobre todo son ellos los que nos enseñan a comprender un poco más el mundo que habitamos. 

¿Cuáles son las consecuencias en la salud mental de la Happycracia? 

Cuando nos queremos imponer de modo permanente la felicidad constante, no sólo estaremos comprando el remedio equivocado para nuestros sentimientos, sino que, además, podría traernos consecuencias negativas a nuestra salud mental. 

  • Soledad: La Happycracia nos hace tomar decisiones que son egoístas e individualistas; inevitablemente esto nos aísla y nos mantiene alejado de los otros. Si bien es real que los vínculos sociales no son una condición sine qua non para cubrir nuestras necesidades básicas, sí podemos asegurar que son necesarios.  

  • Falta de empatía: Si los pregoneros de la felicidad impuesta, definen que son las mismas personas las que definen su estado emocional, entonces se tenderá a marginarlas por su estado de tristeza o desesperanza. ¿Por qué sucede esto? Fácil, si consideramos que la felicidad está al alcance de todos, el que no lo es, es porque no lo quiere ser. 

  • Estrés: Cuando ocultamos y reprimimos las emociones, esos sentimientos no pueden cumplir con su rol de alivianarnos aquello que va sucediendo en nuestra vida cotidiana. Cuando las personas sienten profundas angustias, las lágrimas y el llanto son totalmente reparadoras. 

  • Falta de conexión emocional: Cuando nos encontramos forzando ser felices, estar siempre con una sonrisa desubicada y ajena en el rostro, termina por desconectarnos de otras emociones, esto nos aleja de lo que realmente necesitamos en ese momento. Las emociones no son positivas o negativas, son emociones y cada una de ellas es importante y válida de ser expresada oportunamente.  

  • Sentimientos de culpa: Como lo hemos mencionado anteriormente, la Happycracia, enfatiza en que es nuestra responsabilidad y que somos los únicos responsables de ser felices o no. Cuando no llegamos a cumplir esta expectativa de felicidad autoimpuesta comenzamos a dudar de nosotros mismos y a preguntarnos si no tendremos algo malo por no llegar a ser felices. 

Respetarse a uno mismo y respetar sus emociones 

Las cadenas opresivas de la esclavitud han sido abolidas hace mucho tiempo. Ponernos nosotros mismos los grilletes de una nueva forma de auto servidumbre, termina por alejarnos de nosotros mismos y nuestras verdaderas necesidades. 

Encontrarse triste, o sentir angustia, no es un mero capricho, esto se produce porque inevitablemente necesitamos que estos sentimientos nos hagan caminar más despacio o, por el contrario, es que estamos buscando abrir nuevos caminos, nuevos horizontes, o tal vez es parte del proceso de aceptar renuncias y reconocer las propias limitaciones.  

Además, las emociones como la tristeza pueden hacernos más comprensivos con los otros, pueden volvernos seres más empáticos.  

Las emociones han sido los generadores de los grandes cambios sociales de la historia, en donde, además, florecen cuando nuestros derechos intentan ser vulnerados. 

La industria de la felicidad, esta generadora de la Happycracia, termina por no respetar nuestras emociones y sentimientos. La importancia de conocernos a nosotros mismos, de cuestionarnos aquello que no nos gusta, poder llorar hasta agotar las lágrimas y lamer nuestras heridas encontrando un bienestar emocional propio, cuestionando nuestras limitaciones sin disfrazarlas de elecciones, y comprendiendo que la felicidad nunca es absoluta. 

 

Equipo Enmente®