La pandemia por Covid-19 que nos encontramos viviendo ha traído consigo una serie de consecuencias no tan solo a nivel sanitario, sino también efectos negativos en un plano biopsicosocial, económico y laboral. En cuanto a los contextos y dinámicas laborales particularmente, los profesionales de la salud han experimentado un aumento de trabajo bajo presión, sobrecarga laboral y situaciones de alto estrés, lo cual, en su conjunto, puede llegar a provocar un relevante desgaste y psicoemocional, afectando su vida personal, los vínculos interpersonales y las relaciones con el equipo de trabajo.  

Shreffler, Petrey y Huecker (2020) refieren mediante la realización de una revisión de publicaciones que miden los efectos que ha provocado el Covid-19 en el personal de salud que trata con personas contagiadas, que las principales consecuencias que ha provocado la pandemia son respecto al aumento del temor, ansiedad, estrés y aparición de sintomatología depresiva. Infieren que se evidencia en los profesionales de primera línea un mayor riesgo a desarrollar ansiedad, depresión y trastornos psicológicos. Ramírez, Misol, Alonso y Tizón (2020) reconocen ciertas reacciones emocionales y psicológicas posibles que se están haciendo más frecuentes en respuesta del exacerbado estrés debido a la pandemia, dentro de las cuales se encuentran la ira, miedo, tristeza, ansiedad, angustia, culpa, frustración, irritabilidad y aislamiento. En cuanto a reacciones conductuales, definen como posibles la aparición de hiperactividad y llanto incontrolable. Entre las reacciones cognitivas probables se encuentra la probabilidad de confusión, pensamientos contradictorios, dificultades en la concentración y la memoria, pensamientos obsesivos, negación, fatiga, pesadillas y sentimiento de irrealidad. En cuanto a reacciones físicas, Ramírez et al., señalan posibles dificultades respiratorias, hiperventilación, presión en el pecho, cefaleas, taquicardia, parestesias, temblores, mareos, malestares gastrointestinales, agotamiento y cansancio físico, alteraciones del apetito y sueño (principalmente insomnio). Y, por último, en cuanto a trastornos psiquiátricos probables se encuentran trastornos de ansiedad, depresión, TEPT (trastorno por estrés postraumático), abuso de sustancias y adicciones, trastornos psicosomáticos, somatomorfos e hipocondríacos. 

Asimismo, Shreffler et al., enfatizan en la importancia de prestar apoyo a los profesionales sanitarios, con el objetivo de que puedan sentirse física y psicológicamente más seguros, de esta forma también se permite asistir las repercusiones psicológicas negativas mencionadas anteriormente, que conlleva la atención en primera línea, como lo es la angustia, la alteración del sueño, la ansiedad y los sentimientos de reclusión y aislamiento. Esto nos da cuenta del rol fundamental que cumple la salud mental y el bienestar emocional dentro del contexto laboral, siendo relevante, además, reconocer aquellos aspectos que puedan estar propiciando el desgaste emocional en los profesionales.  

Ramírez et al. (2020) refieren una serie de recomendaciones para implementar un autocuidado en salud mental y bienestar psicológico en los profesionales de salud, dentro de los que se encuentran exigir un trabajo en condiciones de máxima seguridad posible, es decir, resguardarse de los riesgos de contagio mediante un mantenimiento de implementación sanitaria necesaria. Cuidar las necesidades básicas, significa llevar a cabo periodos de sueño saludables y alimentarse adecuadamente, además de implementar descansos apropiados, cuestión esencial para aplicar un buen autocuidado. Mantener un contacto frecuente con compañeros y compañeras de trabajo, mediante la comunicación, conversación y el diálogo, lo mismo en cuanto a la familia y los seres queridos, mantenerse actualizado y conectado continuamente con las vivencias de cada uno. Por otra parte, se recomienda solicitar ayuda si lo estima conveniente, sobre todo si siente un derrumbe o desestabilización afectiva constante el último tiempo. Es necesario reforzar como equipo la resiliencia y esfuerzo que cada profesional está entregando, realizando un arduo trabajo día a día, cumpliendo una gran tarea social y sanitaria, reconociendo que como comunidad y profesionales se encuentran pasando por un momento complejo, con obstáculos y estrés sostenido, y que por tanto la unión y soporte emocional como equipo es de vital importancia. 

Las reacciones en virtud del exacerbado estrés debido a contextos laborales, personales, sociales y/o familiares que se encuentran abrumados y sobrepasados por la pandemia, hacen necesario acoger y poner en práctica tanto la prevención como las recomendaciones que aluden a un óptimo control de la situación. Surge por tanto la conveniencia de generar estrategias que permitan prevenir la aparición de patologías a nivel de salud mental, además de promocionar prácticas de empatía, sana convivencia y ambientes laborales que promuevan el buen trato y compañerismo. Es sustancial mantenernos alerta ante señales de que podemos estar viviendo posibles desajustes a nivel emocional y anímico, y de inmediato al percatarnos, proceder a buscar un profesional del área que pueda brindarnos su atención. 

Equipo Salud Mental Adulto y Familia

Fuentes: 

  • Ramírez FB, Misol RC, Alonso MDCF, Tizón JL. Pandemia de la COVID-19 y salud mental: reflexiones iniciales desde la atención primaria de salud española. (2020), 53, 89-101. 
  • Shreffler J, Petrey J, Huecker M. The Impact of COVID-19 on Healthcare Worker Wellness: A Scoping Review. West J Emerg Med. (2020). Aug 17;21(5):1059-1066. doi: 10.5811/westjem.2020.7.48684. PMID: 32970555; PMCID: PMC7514392.