En el ambito de prevención del suicidio, Tabla de contenidos

  1. Introducción

  2. Contexto actual de la suicidalidad en jóvenes

  3. Importancia de la terapia familiar en la prevención

  4. Estrategias terapéuticas efectivas

  5. El papel del entorno familiar

  6. Mitos y realidades sobre la prevención del suicidio

  7. Conclusión

  8. Preguntas frecuentes

Introducción

Soy Herling Sanhueza Yáñez, Psicóloga Clínica especialista en Terapia Familiar y de Pareja de Enmente. En mi práctica, he observado que la prevención del suicidio en adultos jóvenes es un desafío apremiante. La evidencia reciente indica que las tasas de suicidio en este grupo etario están en aumento, lo que subraya la necesidad de intervenciones efectivas.

La prevención del suicidio no es solo un esfuerzo individual; requiere de la participación activa de la familia y la comunidad. En este artículo, exploraremos cómo la terapia familiar puede ser una herramienta poderosa para mitigar los riesgos asociados con la suicidalidad en adultos jóvenes. Abordar este tema desde una perspectiva integral nos permite no solo identificar las señales de alarma, sino también intervenir de manera preventiva y eficaz. A lo largo del artículo, compartiré ejemplos prácticos y observaciones clínicas que he recogido a lo largo de mi experiencia profesional.

Contexto actual de la suicidalidad en jóvenes

En Chile, el 2024 se registraron 1.984 suicidios en Chile, frente a 1.207 homicidios en el mismo período, lo que equivale a una tasa aproximada de 6,0 muertes por 100.000 habitantes. El perfil de quienes se suicidan en el país se concentra mayoritariamente en la población masculina: por cada mujer que fallece por esta causa se registran cerca de 4,7 muertes de hombres (Valladares-Barco et al., 2025). Estos datos reflejan una tendencia preocupante que no solo se limita a Chile, sino que se extiende a nivel global.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2026) ha reportado que el suicidio se mantiene como la tercera causa de muerte en personas de 10 a 24 años en las Américas, y que en 2021 murieron por esta causa 18.157 adolescentes y jóvenes de la región, con un aumento del 38 % en la tasa de mortalidad durante las últimas dos décadas (Nguyen et al., 2026; OPS, 2026). Este hallazgo destaca la urgencia de abordar este problema de salud pública desde múltiples frentes. En mi práctica clínica, he notado que, a menudo, los jóvenes enfrentan una presión significativa de múltiples fuentes —académicas, sociales y familiares— que pueden aumentar su vulnerabilidad a desarrollar ideación suicida.

En este contexto, es vital reconocer los factores de riesgo específicos que afectan a los adolescentes y adultos jóvenes, tales como la discriminación, el acoso escolar, y la falta de acceso a servicios de salud mental adecuados. Además, las redes sociales, aunque pueden servir de apoyo, también pueden ser un espacio donde los jóvenes experimentan bullying o comparaciones negativas, incrementando su angustia emocional. Estas dinámicas complejas requieren una atención cuidadosa y un enfoque multidisciplinario para ser abordadas de manera efectiva.

Los factores de riesgo para la suicidalidad en adultos jóvenes son diversos y pueden incluir la presencia de trastornos mentales, antecedentes familiares de suicidio, y situaciones estresantes de la vida como rupturas amorosas o problemas económicos. En mi práctica, he visto que el consumo de sustancias y las experiencias traumáticas también pueden aumentar significativamente el riesgo. Es esencial que estas variables sean identificadas y tratadas adecuadamente para reducir el riesgo.

He observado que el aislamiento social, a menudo exacerbado por la pandemia, ha contribuido a un aumento en los sentimientos de desesperanza entre los jóvenes. La falta de interacción cara a cara y el aumento en el tiempo de pantalla pueden agravar estos sentimientos. Además, la transición a la adultez, con sus expectativas y responsabilidades, puede ser abrumadora, especialmente sin el apoyo adecuado.

Importancia de la terapia familiar en la prevención en la prevención del suicidio

En prevención de suicidio, la terapia familiar se centra en mejorar la comunicación y las dinámicas dentro del núcleo familiar, lo cual es crucial cuando se trata de prevenir el suicidio. Como Psicóloga Clínica especialista en Terapia Familiar y de Pareja de Enmente, considero que la implicación de la familia en el proceso terapéutico puede ser un factor protector significativo. La terapia familiar ofrece un espacio seguro donde las familias pueden explorar y resolver conflictos subyacentes que podrían contribuir al riesgo suicida.

Un enfoque sistémico permite abordar no solo los síntomas individuales, sino también las dinámicas familiares que pueden contribuir al riesgo suicida. La intervención temprana y la cohesión familiar son esenciales para crear un entorno de apoyo. En mi experiencia, he observado que cuando las familias logran establecer una comunicación abierta y efectiva, se reduce significativamente el riesgo de que sus miembros recurran a la autolesión o al suicidio como forma de escape.

Además, la terapia familiar puede facilitar la comprensión de cómo los problemas individuales afectan a toda la familia y viceversa. Por ejemplo, una sesión puede revelar que las expectativas académicas excesivas impuestas por los padres están contribuyendo a la ansiedad y depresión en el adolescente. Al reconocer y abordar estas dinámicas, se puede reducir la presión sobre el joven y mejorar su bienestar mental.

La intervención temprana es fundamental en la prevención del suicidio.

En mi práctica, he notado que las familias que buscan ayuda antes de que los problemas se agraven tienen mejores resultados. La cohesión familiar, entendida como el grado de conexión emocional entre los miembros, juega un papel crucial en este proceso. Una familia cohesionada puede ofrecer el apoyo necesario para que el joven se sienta comprendido y valorado.

He trabajado con familias que, al mejorar su comunicación, han podido identificar señales de alerta en sus hijos y actuar de manera oportuna. La terapia familiar no solo se centra en el individuo, sino que involucra a todos los miembros, fomentando un sentido de unidad y responsabilidad compartida en el proceso de sanación.

Estrategias terapéuticas efectivas

Desde mi práctica clínica, recomiendo estrategias que incluyan la psicoeducación sobre señales de alerta, la creación de planes de seguridad y la reducción del acceso a medios letales. Estas tácticas no solo protegen al individuo, sino que también fortalecen la red de apoyo familiar. La formación de un plan de seguridad implica identificar señales de crisis, establecer contactos de emergencia y acordar pasos concretos para mantenerse seguro.

Una revisión sistemática con metaanálisis en red publicada en 2025 confirmó que la TCC tiene un efecto moderado en la reducción de la ideación suicida en personas con depresión (Huang et al., 2025). Sin embargo, es fundamental que estas estrategias sean personalizadas, supervisadas clínicamente y adaptadas a las necesidades específicas de cada familia. La TCC, en particular, ha demostrado ser eficaz en la modificación de patrones de pensamiento negativos y en el desarrollo de habilidades de afrontamiento.

En mi consulta, suelo implementar técnicas de mindfulness y regulación emocional que ayudan a los jóvenes a manejar el estrés y las emociones intensas. Estas herramientas no solo son útiles durante las sesiones, sino que los pacientes pueden aplicarlas en su vida diaria. He visto cómo, a través de la práctica constante, los jóvenes logran aumentar su resiliencia y reducir la frecuencia de pensamientos suicidas.

En la actualidad, la terapia de arte y la terapia asistida por animales están ganando reconocimiento como modalidades efectivas para abordar problemas de salud mental en jóvenes. En mi práctica, he incorporado estas técnicas para complementar el trabajo terapéutico tradicional, especialmente en casos donde el lenguaje verbal puede no ser suficiente para expresar emociones complejas. La terapia de arte permite a los jóvenes explorar sus sentimientos de una manera no verbal, facilitando la expresión de emociones que pueden ser difíciles de verbalizar. Por otro lado, la terapia asistida por animales ha mostrado beneficios en la reducción de la ansiedad y el aumento del bienestar emocional, proporcionando una fuente adicional de apoyo y consuelo.

La tecnología ha transformado las intervenciones terapéuticas, permitiendo un acceso más amplio y flexible a los servicios de salud mental. En mi experiencia, las aplicaciones móviles que ofrecen recursos de salud mental y las plataformas de terapia en línea pueden complementar el trabajo realizado en sesiones presenciales. Estas herramientas permiten a los jóvenes acceder a apoyo en momentos críticos, brindando ejercicios de relajación, diarios de pensamientos y conexiones con terapeutas. He observado que la tecnología puede ser particularmente útil para los jóvenes que se sienten más cómodos comunicándose a través de medios digitales. Sin embargo, es crucial garantizar que estas herramientas sean seguras y estén respaldadas por profesionales calificados para asegurar su efectividad y evitar la desinformación.

El papel del entorno familiar

El entorno familiar juega un papel crucial en la prevención del suicidio. La comunicación efectiva y el apoyo emocional son vitales para ayudar a los jóvenes a superar momentos de crisis. En mi consulta en Enmente, he observado que familias que participan activamente en el proceso terapéutico suelen ver mejores resultados. Esto se debe a que el entorno familiar actúa como una red de seguridad que puede proporcionar estabilidad y apoyo emocional.

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Es fundamental que los familiares sean educados sobre cómo identificar señales de riesgo y cómo intervenir adecuadamente. La participación familiar no solo reduce el riesgo de suicidio, sino que también promueve un ambiente de comprensión y apoyo. En mi experiencia, las familias que reciben educación sobre salud mental son más capaces de actuar de manera proactiva y proporcionar el apoyo necesario antes de que una situación se convierta en una crisis.

Además, el entorno familiar puede influir en la percepción que tiene el joven sobre sí mismo y sobre su futuro. Un hogar que fomenta la aceptación y el amor incondicional puede ser un factor protector significativo. Por el contrario, un ambiente donde predomina la crítica y la falta de reconocimiento puede exacerbar los sentimientos de inutilidad y desesperación en el joven.

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La educación familiar es un componente esencial en la prevención del suicidio. En mi práctica, he observado que cuando las familias comprenden mejor las condiciones de salud mental, son más eficaces en el apoyo a sus seres queridos. Proporcionar a las familias herramientas y conocimientos específicos les permite identificar los primeros signos de advertencia y actuar de manera adecuada.

He trabajado con familias que, a través de talleres y sesiones educativas, han podido desarrollar un lenguaje común para hablar sobre la salud mental. Esto no solo facilita la comunicación, sino que también desestigmatiza las conversaciones sobre el bienestar emocional, creando un entorno más seguro para todos los miembros.

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Mitos y realidades sobre la prevención del suicidio

Un mito común es que hablar sobre el suicidio puede incitar a alguien a cometerlo. Sin embargo, la realidad es que abordar el tema de manera abierta y honesta puede ser una forma efectiva de prevención. La comunicación es clave para romper el estigma y fomentar un diálogo saludable. En diversas ocasiones, he presenciado cómo abrir un espacio seguro para que los jóvenes hablen sobre sus pensamientos y sentimientos puede aliviar su carga emocional y proporcionarles nuevas perspectivas.

En mi práctica, he visto que muchos temen que involucrar a la familia en el tratamiento pueda aumentar el conflicto. Sin embargo, cuando se maneja adecuadamente, la terapia familiar puede ser un espacio seguro para resolver tensiones y fortalecer el apoyo mutuo. La mediación dentro de la terapia familiar permite que los miembros de la familia expresen sus preocupaciones y necesidades de manera constructiva, lo que puede fortalecer los lazos familiares y mejorar la cohesión.

Otro mito es que las personas que hablan de suicidio solo buscan atención. Esta percepción errónea puede llevar a ignorar señales de advertencia críticas. En mi experiencia, cuando las personas expresan pensamientos suicidas, a menudo están buscando ayuda y comprensión. Es fundamental tomar en serio estas expresiones y brindar la atención y el apoyo necesarios.

Las redes sociales tienen un papel dual en la percepción del suicidio. Por un lado, pueden ser un espacio para compartir experiencias y recibir apoyo; por otro, pueden propagar información errónea o estigmatizar el tema. En mi práctica, he trabajado con jóvenes que han encontrado comunidades de apoyo en línea que les ofrecen un sentido de pertenencia y validación. Sin embargo, también he visto casos donde la exposición a contenido negativo ha exacerbado síntomas de depresión y ansiedad. Es esencial que los jóvenes aprendan a navegar las redes sociales de manera consciente y crítica. Educar sobre el uso saludable de estas plataformas puede mitigar algunos de sus efectos negativos y fomentar su potencial como herramienta de apoyo.

La construcción de redes de apoyo en línea puede ser un recurso valioso para los jóvenes que enfrentan desafíos emocionales. En mi experiencia, participar en grupos de apoyo en redes sociales puede proporcionar un sentido de comunidad y pertenencia, especialmente para aquellos que se sienten aislados. Sin embargo, es crucial garantizar que estos espacios sean seguros y positivos. He visto cómo moderadores entrenados pueden jugar un papel vital en mantener un ambiente constructivo dentro de estas comunidades en línea, asegurando que las discusiones sean respetuosas y que se proporcione apoyo adecuado. Estas redes pueden complementar el trabajo realizado en terapia, ofreciendo a los jóvenes un espacio adicional para expresarse y conectarse con otros que enfrentan desafíos similares.

Conclusión

La prevención del suicidio en adultos jóvenes es un tema complejo que requiere un enfoque integral. Desde mi perspectiva como Psicóloga Clínica especialista en Terapia Familiar y de Pareja de Enmente, la implicación de la familia es crucial para el éxito del tratamiento. Al trabajar juntos, podemos crear un entorno donde los jóvenes se sientan seguros y apoyados.

Es vital seguir investigando y desarrollando nuevas estrategias terapéuticas que se adapten a las necesidades cambiantes de esta población. La colaboración entre profesionales de la salud, familias y comunidades es clave para abordar este desafío de manera efectiva. En mi práctica, continuaré abogando por un enfoque sistémico que priorice la prevención y el bienestar a largo plazo de los jóvenes.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cómo puede la terapia familiar ayudar en la prevención del suicidio?

La terapia familiar mejora la comunicación y cohesión, factores que pueden reducir el riesgo de suicidio. Proporciona un espacio seguro para abordar problemas subyacentes y fortalecer el apoyo emocional.

¿Es peligroso hablar de suicidio con jóvenes?

Hablar sobre suicidio no incita a cometerlo; puede ser preventivo al abrir el diálogo y reducir el estigma. Facilita la expresión emocional y permite identificar señales de riesgo a tiempo.

¿Qué señales de alerta debemos observar?

Preste atención a cambios drásticos en el comportamiento, aislamiento social y expresiones de desesperanza. También considere el aumento del uso de sustancias o cambios en el rendimiento académico.

¿La terapia familiar es efectiva para todos?

Si bien no es una solución única, la terapia familiar puede ser muy beneficiosa si se adapta a cada caso. La personalización del enfoque es clave para su efectividad.

¿Qué papel juega la comunidad en la prevención del suicidio?

La comunidad puede ofrecer recursos y apoyo adicional, complementando el trabajo realizado en terapia. Promover la colaboración comunitaria puede aumentar la eficacia de las intervenciones preventivas.

*Este artículo no sustituye el asesoramiento profesional. Si usted o alguien que conoce está en peligro, busque ayuda profesional de inmediato. En Chile, puede llamar a la línea gratuita y confidencial 4141 (Ministerio de Salud, s.f.), disponible las 24 horas.

Referencias

Organización Panamericana de la Salud. (2026, 20 de mayo). Suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes aumenta en las Américas: OPS alerta sobre la necesidad urgente de prevención. https://www.paho.org/es/noticias/20-5-2026-suicidio-entre-adolescentes-adultos-joven

Huang, W., Pan, Q., Ma, H., Na, L., Yang, H., & Wu, M. (2025). The efficacy of cognitive behavioral therapy for suicidal ideation in depression: A systematic review and network meta-analysis of randomized clinical trials. Frontiers in Psychiatry, 16, Article 1675224. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1675224

Liu, W., Li, G., Wang, C., Yu, M., Zhu, M., & Yang, L. (2022). Can fluoxetine combined with cognitive behavioral therapy reduce the suicide and non-suicidal self-injury incidence and recurrence rate in depressed adolescents compared with fluoxetine alone? A meta-analysis. Neuropsychiatric Disease and Treatment, 18, 2543–2557. https://doi.org/10.2147/NDT.S367931

Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). *Línea de atención 4141 no estás solo, no estás sola. https://www.minsal.cl/linea-de-atencion-4141-no-estas-solo-no-estas-sola/

Nguyen, N., Martinez, R., Irarrázaval, M., Oliveira e Souza, R., & Hennis, A. J. M. (2026). Suicide mortality among adolescents and young adults aged 10–24 years in the Americas, 2000–2021: An analysis using the WHO Global Health Estimates. The Lancet Regional Health – Americas, 60, Article 101497. https://doi.org/10.1016/j.lana.2026.101497

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