Salud Mental en el Periodo Perinatal
PERIODO PERINATAL: Un desafío de estos tiempos
La llegada de un hijo es, sin lugar a dudas, uno de los eventos más significativos en la vida de una persona y una familia. Pero detrás de la ternura de los primeros días, del aroma a recién nacido, de las fotografías entrañables que hoy circulan con frecuencia en redes sociales, existe un mundo interno que muchas veces permanece oculto, silenciado o poco comprendido. El periodo perinatal, que abarca desde el embarazo hasta el primer año de vida del bebé, es una etapa profundamente transformadora, tanto física como emocionalmente, para ambos padres… y también para la estructura familiar.
Hablar del periodo perinatal como un “desafío de estos tiempos” no es un simple recurso literario. Hoy, más que nunca, las parejas se enfrentan a este momento desde la ambivalencia: el deseo de hacerlo bien, el peso de las expectativas sociales, la falta de redes de apoyo reales, la idealización del vínculo madre-bebé, y el poco espacio que se le da al padre como figura emocionalmente activa y vulnerable. Sumemos a esto las presiones laborales, los cambios en los roles familiares, la sobreinformación (o desinformación), y las dificultades para sostener vínculos saludables con uno mismo, la pareja y el entorno.
La imagen que ilustra esta reflexión –dos manos entrelazadas apoyadas sobre la cuna– representa con fuerza y sensibilidad ese momento de pausa, de espera, de conexión silenciosa entre quienes, a partir de ese instante, se convierten en padres. No se ve al bebé, pero está presente. No se ve la mirada, pero se intuye. La escena habla de la preparación emocional, del nido interno que también necesita tiempo, contención y palabras.
En este escenario, muchas personas viven esta etapa cargadas de ansiedad, miedo, tristeza o confusión. Emociones completamente válidas, aunque a menudo no se permiten sentir ni expresar. Se suele esperar que la madre esté feliz, agradecida, conectada de inmediato con su hijo; que el padre sea el apoyo incondicional, disponible y eficiente. Pero la realidad, como bien sabemos en Enmente®, puede ser muy distinta.
Por eso es importante abrir espacios de conversación, como este, que hablen con honestidad sobre la salud mental perinatal. Porque prepararse para recibir a un hijo no solo implica tener todo lo material listo, sino también trabajar en el propio bienestar, en la relación de pareja, en la construcción de redes, y en el reconocimiento de las propias emociones.
En Enmente® llevamos años acompañando a madres, padres, familias y profesionales de la salud mental en este proceso. Sabemos que no hay una única forma de vivir la maternidad o la paternidad, y que cada experiencia es única, legítima y profundamente humana. Nuestro enfoque combina profesionalismo, experiencia clínica y una mirada empática, integradora, que respeta los ritmos y necesidades de cada persona. Por eso creemos que este desafío perinatal merece ser visibilizado y abordado con responsabilidad.
A lo largo de este artículo exploraremos tres aspectos claves del periodo perinatal, desarrollando cada uno en profundidad:
“Preparar el nido emocional y físico”
“Más allá del parto: la verdadera transformación”
“Presencia, vínculo y ternura”
Cada uno de estos temas será una invitación a reflexionar, validar, y –por qué no– a pedir ayuda si lo necesitas. Porque la salud mental durante el periodo perinatal no es un lujo, es una necesidad urgente y legítima.
Preparar el nido emocional y físico
Cuando se espera un bebé, los preparativos físicos suelen acaparar la atención: la cuna, la ropa, los pañales, la bañera, los adornos en tonos suaves. Todo ese ritual de “preparar el nido” tiene un valor simbólico poderoso: crear un espacio donde el nuevo integrante pueda sentirse seguro, contenido y amado. Sin embargo, hay otro nido, mucho más invisible, que también necesita atención: el nido emocional.
Este nido no se compra en una tienda ni se arma con tutoriales de internet. Es el resultado de un trabajo interno, individual y de pareja, que implica conectar con las emociones propias, revisar las propias historias de infancia, conversar sobre los miedos y deseos que emergen frente a la llegada de un hijo o hija. Se trata de preparar la mente y el corazón para recibir.
Una madre primeriza con altos niveles de exigencia interna, o un padre sensible que desea estar presente emocionalmente pero no sabe cómo— suele llegar a EnMente con una mezcla de amor, ilusión y angustia. Porque no basta con tener todo “listo” si por dentro hay ansiedad, inseguridad o heridas que todavía duelen.
En nuestras sesiones de acompañamiento perinatal, muchas veces escuchamos frases como:
“Tengo todo, pero no me siento preparada.”
“Me da miedo no estar a la altura.”
“No sé si voy a poder cuidar sin perderme a mí misma.”
“No tengo tiempo para sentir lo que me pasa, estoy ocupada organizando todo.”
Estas emociones no son un signo de debilidad, sino una señal de humanidad. A veces, preparar el nido emocional implica abrir espacio para llorar por lo que fue, por lo que no será, o por lo que duele en medio de tanta felicidad esperada. Significa darse permiso para sentir, sin juicios ni máscaras.
También implica crear acuerdos afectivos dentro de la pareja. ¿Qué esperamos el uno del otro? ¿Cómo vamos a cuidarnos mutuamente? ¿Qué pasa si uno se derrumba? ¿Tenemos una red real de apoyo? ¿Podemos pedir ayuda sin sentir que fallamos?
El entorno emocional se construye con pequeños actos: una conversación íntima antes de dormir, una sesión de psicoterapia para explorar los miedos, un taller de parentalidad compartida, un espacio de autocuidado sin culpa. Porque los bebés necesitan padres disponibles, y la disponibilidad emocional no se improvisa: se cultiva.
Desde Enmente®, proponemos entender el periodo perinatal como una oportunidad para sanar, crecer y vincularse de una forma más auténtica. Por eso, nuestros servicios de apoyo están diseñados no solo para “resolver crisis”, sino también para prevenir, fortalecer y acompañar los procesos emocionales que preceden a la llegada de un hijo.
Cuando se atiende el mundo interno con la misma dedicación que se prepara el dormitorio del bebé, el resultado no es perfección, sino conexión. Y eso, al final del día, es lo que más necesita una familia que está por nacer: un entorno emocionalmente seguro, flexible, y lleno de presencia.
Así como se escoge cuidadosamente cada detalle del ajuar del recién nacido, vale la pena detenerse y mirar hacia adentro, para preguntarse:
¿Qué lugar habita este bebé en nuestra historia?
¿Qué emociones se activan con su llegada?
¿Qué necesito sanar para poder estar realmente disponible?
Estas preguntas no son fáciles, pero son el primer paso para construir un nido que abrace desde lo profundo. Uno donde el amor no sea solo un ideal, sino una práctica cotidiana, imperfecta, pero real.
Más allá del parto: la verdadera transformación
El parto suele ocupar el centro de la escena cuando hablamos del periodo perinatal. No es para menos: es un momento cumbre, donde se entrelazan lo físico, lo emocional, lo biológico y lo simbólico. Pero lo cierto es que el parto no es el final de un camino, sino el inicio de una transformación profunda que se extenderá durante meses —incluso años— después del nacimiento.
En Enmente® recibimos con frecuencia madres y padres que, una vez pasado el impacto del parto, quedan desconcertados por la intensidad emocional que atraviesan. Y es que la verdadera transformación no ocurre en el quirófano ni en la sala de parto: ocurre en las noches sin dormir, en la sensación de no reconocerse, en la alegría y el miedo que conviven al mismo tiempo. Ocurre en ese vértigo silencioso de tener que volver a armarse siendo otro.
Convertirse en madre o padre es una experiencia que transforma la identidad. A veces lo hace de forma amable, progresiva, y otras veces de manera abrupta, desbordante. Por eso, es tan importante visibilizar que la experiencia perinatal no termina con el parto, sino que allí comienza un nuevo capítulo: el del reencuentro con uno mismo en un cuerpo nuevo, en un rol nuevo, con nuevas responsabilidades y nuevas preguntas.
¿Quién soy ahora?
¿Dónde quedó la persona que era antes?
¿Cómo cuido a alguien sin olvidarme de mí?
¿Está bien no sentirme feliz todo el tiempo?
Estas preguntas surgen con fuerza en este periodo, pero muchas veces se viven en silencio por miedo a ser juzgados o incomprendidos. Sobre todo, en una sociedad que aún romantiza la maternidad y espera de los padres una eficiencia emocional que raya en lo inhumano.
En personas con sensibilidad emocional, alto nivel de reflexión y muchas veces con una fuerte autocrítica interna— esta transformación puede resultar especialmente intensa. Porque no se trata solo de cuidar al bebé, sino de cuidarse a uno mismo mientras se es responsable del bienestar de otro ser humano tan frágil como amado.
Desde la mirada clínica de nuestro equipo, entendemos que esta etapa es fértil para trabajar aspectos profundos de la personalidad, patrones heredados, vínculos anteriores, mandatos sociales y expectativas irreales. Lo hacemos con delicadeza, con validación constante, y sobre todo, con una escucha que no busca “normalizar” lo que duele, sino comprender y acompañar lo que emerge.
Sabemos que hay cambios hormonales, físicos, relacionales. Que la vida sexual se transforma, que la pareja muchas veces tambalea, que las amistades cambian, que el tiempo se vuelve escaso y que, muchas veces, el ideal de familia choca contra la realidad. Por eso, proponemos un enfoque que abrace la complejidad sin perder la ternura.
Acompañamos a muchas madres que dicen:
“Después del parto sentí que había nacido otra versión de mí… y no sé si me gusta del todo.”
Y a padres que confiesan:
“No sé cómo ser útil, a veces siento que estorbo o que me vuelvo invisible.”
Estas voces necesitan espacio. Necesitan ser escuchadas, no para ofrecer soluciones mágicas, sino para abrir caminos de conciencia, aceptación y ajuste. Porque el periodo perinatal es también una oportunidad de crecimiento personal, de resignificación del amor, de descubrimiento de nuevas formas de estar en el mundo.
La verdadera transformación perinatal no ocurre en el cuerpo, sino en la mirada. En cómo nos miramos a nosotros mismos, a nuestras parejas, a nuestros hijos, al pasado que traemos y al futuro que deseamos construir.
En Enmente® estamos convencidos de que este proceso no tiene por qué vivirse en soledad. Nuestro equipo esta preparado para acompañarte con respeto, empatía y experiencia, adaptándose a tu ritmo, a tus necesidades y a tu historia.
Presencia, vínculo y ternura
En una época donde lo urgente parece siempre ganar terreno sobre lo importante, detenerse para estar verdaderamente presente puede parecer un lujo. Sin embargo, durante el periodo perinatal, la presencia emocional se convierte en una de las formas más poderosas y necesarias de cuidado. Es esa presencia —profunda, cálida, sin distracciones— la que permite que el vínculo entre el bebé y sus cuidadores florezca con seguridad y amor.
Estar presente no significa tener todas las respuestas, ni cumplir con cada exigencia externa o interna. Tampoco se trata de mostrarse perfecto o tener una sonrisa constante. Estar presente es sostener con autenticidad, es dejar el celular a un lado y conectar con el aquí y el ahora, incluso en medio del cansancio, la incertidumbre o el caos.
Esa presencia se convierte en el terreno fértil para que crezca el vínculo afectivo. Un vínculo que no aparece mágicamente con el parto, sino que se va tejiendo con gestos cotidianos: la mirada que consuela, el brazo que arropa, el tono suave que calma. A veces florece rápido. Otras veces, requiere tiempo, paciencia, incluso ayuda.
Y eso está bien.
Es común que, al comienzo, aparezcan dudas difíciles de compartir:
“¿Y si no siento ese amor que todos dicen?”
“¿Por qué no me conecto como pensaba?”
“¿Qué hago si me siento abrumado o distante?”
Lo primero que queremos decirte es esto: no estás solo/a, y lo que sientes es más común de lo que imaginas. La ternura, ese recurso tan poderoso como subestimado, no exige perfección. Exige disposición, cuidado, compasión. Es una forma silenciosa pero profunda de decir: “Estoy aquí contigo, aunque no entienda todo. Aunque a veces también me derrumbe.”
Desde Enmente® entendemos la ternura como una herramienta transformadora. No solo hacia el bebé, sino también hacia uno mismo. Porque para vincularse desde un lugar sano, hay que dejar de exigirse tanto. Hay que aprender a mirar las propias emociones con la misma suavidad con la que quisiéramos mirar al recién nacido.
Muchos de quienes nos consultan llegan con sentimientos de culpa:
“Perdí la paciencia.”
“No quería llorar delante del bebé.”
“No sé si estoy haciéndolo bien.”
Y lo que necesitan no son fórmulas, ni consejos llenos de tecnicismos. Necesitan validación, contención, un espacio donde poder ser, sentir, dudar. Necesitan saber que criar es un camino hecho de luces y sombras, de encuentros y desencuentros, pero que el amor se construye incluso en los días grises.
En psicología sabemos que lo que da seguridad emocional no es la ausencia de errores, sino la posibilidad de reparar. Cuando alguien se da cuenta de que falló, y busca reconectar con ternura, está enseñando al bebé —y también a sí mismo— que los vínculos reales no se rompen fácilmente. Que pueden sostenerse, recomponerse, fortalecerse.
Por eso, proponemos una forma de criar más humana, más flexible, menos centrada en el ideal y más en el encuentro real. Porque no se trata de ser “el mejor papá” o “la mamá perfecta”. Se trata de estar con amor, con límites sanos, con tiempo de calidad, con la apertura suficiente para mirar al otro y también mirarse a uno mismo.
Ternura no es debilidad. Ternura es fuerza emocional. Es capacidad de empatía. Es saber acompañar sin invadir. Y eso es justamente lo que marca la diferencia en un vínculo: la sensibilidad para leer al otro, el coraje de mostrarse tal como uno es, y la humildad de pedir ayuda si se necesita.
En Enmente® estamos convencidos de que no existe una única forma de criar bien, pero sí existen maneras de cuidar la salud mental mientras lo haces. Desde nuestra experiencia profesional y nuestro compromiso humano, podemos ayudarte a reconectar con tu propia forma de estar presente, de vincularte desde la ternura, de sostenerte para sostener.
Conclusión: Acompañarte también es cuidar
A veces, lo más difícil no es atravesar una etapa compleja, sino reconocer que necesitamos ayuda para hacerlo. El periodo perinatal, con su mezcla de ternura, agotamiento, amor, ansiedad, incertidumbre y transformación, no está hecho para vivirse en soledad. Es una etapa que demanda, que moviliza, pero también que puede sanar profundamente si se vive con apoyo, con redes, con presencia y sin juicios.
Todo lo que hemos compartido aquí —preparar el nido emocional, comprender que el parto no es el final sino el inicio, construir vínculos desde la ternura y la presencia— apunta hacia un mismo lugar: el bienestar emocional de quienes sostienen la vida desde sus primeros minutos.
Muchas veces escuchamos:
“Creí que podía con todo.”
“Pensé que era normal sentirme así, pero ya no lo estoy manejando.”
“Nadie me habló de lo que venía después del parto.”
Y es que a menudo, el mayor dolor no es el que se siente, sino el que no se nombra. Por eso, en Enmente® hemos creado un espacio que no solo trata síntomas, sino que escucha procesos completos, con profundidad, con empatía, con formación clínica y con calidez humana. Un espacio donde puedas llegar tal como estás, sin tener que explicar demasiado, sin tener que demostrar nada.
Te acompañamos a ponerle palabras a eso que muchas veces no se dice:
Al miedo a fallar.
A la tristeza sin causa aparente.
Al enojo que da culpa.
A la sensación de estar perdiéndose a uno mismo en medio del cuidado.
A la alegría que también se mezcla con cansancio extremo.
Te ofrecemos un lugar donde no importa si recién estás embarazada, si ya nació tu hijo o hija, si estás transitando un posparto desafiante o si simplemente querés prevenir lo que sientes que se está desbordando poco a poco.
Lo que importa es que decidiste no seguir haciéndolo todo sola o solo. Que te diste el permiso de mirar hacia adentro y decir: “necesito que me cuiden también a mí.”
Y eso es valiente. Eso es humano. Y eso es salud.
En Enmente® te esperamos con la escucha abierta, con un equipo profesional de excelencia, y con una propuesta de acompañamiento psicológico perinatal que se adapta a ti, a tu historia, a tu momento de vida. No tienes que cumplir con ningún estándar para pedir ayuda. Solo necesitas sentir que algo dentro tuyo pide ser atendido.
¿Te sentiste identificado o identificada con alguna parte de este texto?
¿Sientes que estás viviendo el periodo perinatal de una forma más intensa de lo que imaginabas?
¿Te gustaría hablar con alguien que entienda lo que estás atravesando?
Entonces estás en el lugar correcto.
Escríbenos. Agenda una consulta. Hablemos.
Porque si estás dispuesto o dispuesta a cuidar de otro ser humano, también mereces que alguien cuide de ti.