Tabla de contenidos
El problema de tratar el malestar post ruptura en la pareja como un fenómeno único
De la media grupal a los perfiles latentes: dos formas de modelar la recuperación
Implicancias clínicas: identificar tempranamente una trayectoria de riesgo
1. Introducción: La ruptura en la Pareja
Soy Herling Sanhueza Yáñez, Psicóloga Clínica especialista en Terapia Familiar y de Pareja de Enmente y te invito a leer el siguiente artículo.
La ruptura en la pareja lleva consigo un supuesto implícito que ha dominado durante décadas tanto el sentido común como buena parte de la literatura clínica sobre rupturas de pareja: que existe un "duelo tipo" de la disolución romántica, con una intensidad inicial alta que decae progresivamente hasta la resolución.
La evidencia longitudinal acumulada entre 2022 y 2026 obliga a matizar —y en parte a abandonar— ese supuesto. Cuando se analizan trayectorias individuales en lugar de promedios grupales, emergen subgrupos cualitativamente distintos: personas que se recuperan con rapidez, personas cuyo malestar apenas se altera por el evento, y un subgrupo minoritario pero clínicamente relevante que sostiene niveles altos de distrés durante años (Shulman et al., 2026).
2. El problema de tratar el malestar post ruptura en la pareja como un fenómeno único
La investigación clásica sobre la ruptura en la pareja tendió a estimar efectos promedio: cuánto aumenta, en promedio, la sintomatología depresiva o ansiosa tras una ruptura, y cuánto tiempo, en promedio, tarda en remitir. Este enfoque tiene una limitación conceptual importante para la práctica clínica: los promedios pueden ocultar heterogeneidad sustantiva. Un promedio de "recuperación en tres meses" puede describir razonablemente bien a dos tercios de una muestra y, al mismo tiempo, ser completamente inadecuado para describir al tercio restante, cuyo malestar no sigue ese patrón (Shulman et al., 2026). Para el clínico, esta distinción no es solo estadística: determina si un caso que "no mejora al ritmo esperado" debe leerse como una desviación patológica de la norma o como la manifestación de una trayectoria diferenciada, con su propia lógica y sus propios factores de mantenimiento.
3. De la media grupal a los perfiles latentes: dos formas de modelar la recuperación
Modelos de "curso natural": la recuperación como norma estadística
Un primer enfoque metodológico caracteriza la trayectoria promedio de síntomas antes, durante y después de la ruptura, típicamente mediante modelos de efectos mixtos sobre datos de panel. Acolin et al. (2023) utilizaron esta aproximación con datos de síntomas depresivos (PHQ-2) en adultos jóvenes, documentando lo que denominan el "curso natural" de la respuesta: un incremento sintomático alrededor del evento seguido de un retorno relativamente rápido a niveles basales para la mayoría de los participantes. Este tipo de modelo es útil para establecer expectativas normativas —y para psicoeducar sobre ellas—, pero por diseño promedia la heterogeneidad interindividual en lugar de modelarla explícitamente.
Análisis de trayectorias latentes: subgrupos cualitativamente distintos
Un segundo enfoque, metodológicamente más exigente, busca identificar subgrupos (clases latentes) que comparten una forma de trayectoria distinta entre sí, en lugar de asumir una única curva promedio con variación aleatoria alrededor de ella. Shulman et al. (2026) aplicaron esta lógica a una muestra longitudinal de adultos emergentes israelíes evaluados a los 20, 23, 25 y 28 años, identificando dos trayectorias estables y cualitativamente diferenciadas de distrés por ruptura, en lugar de una distribución continua de severidad. Esta distinción metodológica —entre modelar la media y modelar la heterogeneidad de forma para clases— es la que permite, en términos clínicos, dejar de preguntar "¿cuánto dura en promedio el malestar?" y empezar a preguntar "¿qué tipo de trayectoria está teniendo este paciente, y qué la sostiene?".
4. Evidencia reciente sobre trayectorias de recuperación
Dos trayectorias y un patrón relacional de fondo
El estudio de Shulman y colaboradores (2026) es, hasta la fecha, la evidencia más directa sobre heterogeneidad de trayectorias en adultez emergente. Con una muestra de 124 adultos emergentes seguidos durante ocho años, identificaron una trayectoria de malestar bajo y estable (dos tercios de la muestra) y una trayectoria de malestar alto y estable (un tercio). El componente cualitativo del estudio —entrevistas a los 28 años— aporta un hallazgo clínicamente denso: quienes se ubicaban en la trayectoria de alto malestar describían, de forma retrospectiva, haber tolerado ser controlados por sus parejas en las relaciones que terminaban, mientras que quienes mostraban baja distrés describían haber tenido las competencias para gestionar la relación de forma adaptativa. En otras palabras, la trayectoria post-ruptura parece estar, en gran medida, precondicionada por la calidad del vínculo que se disuelve, más que determinada únicamente por variables intrapsíquicas del individuo evaluadas de forma aislada.
El "curso natural" de los síntomas depresivos
Aunque metodológicamente distinto (modelo de curso promedio, no de clases latentes), el estudio de Acolin et al. (2023) es un complemento necesario: confirma que, para la mayoría de los adultos jóvenes, la sintomatología depresiva asociada a una ruptura sigue un patrón de remisión relativamente rápida. Leído en conjunto con Shulman et al. (2026), este hallazgo sugiere que la trayectoria "de baja distrés y recuperación rápida" no es solo la más frecuente, sino probablemente la que los modelos de curso promedio están capturando mejor —lo cual, a su vez, puede generar una subestimación sistemática del subgrupo de alto malestar sostenido en estudios que no modelan heterogeneidad de clases.
Adaptación hedónica y set-point afectivo
Usando datos del panel socioeconómico alemán (SOEP) con miles de participantes, Asselmann y Specht (2023) examinaron cambios en satisfacción vital, felicidad, tristeza, ansiedad e ira en los cinco años previos y posteriores a eventos relacionales, incluyendo separación y divorcio. Sus resultados son consistentes con la teoría del set-point afectivo: se observan incrementos significativos de tristeza alrededor de la separación, pero los efectos tienden a ser de magnitud menor a la intuitivamente esperada y a atenuarse con el tiempo. Este estudio aporta una perspectiva poblacional —no clínica— que sirve como línea de base útil: la mayoría de las personas muestra una capacidad de adaptación hedónica considerable, lo que refuerza por contraste la relevancia clínica del subgrupo que no se ajusta a ese patrón.
Disolución de relaciones no cohabitantes y satisfacción vital
Preetz (2022) amplía el foco hacia relaciones no cohabitantes —muy prevalentes en la adultez emergente— y documenta cambios en satisfacción vital y salud mental asociados a su disolución, mostrando que este tipo de rupturas, con frecuencia subestimadas por no involucrar separación de domicilio, generan patrones de ajuste medibles y no triviales. Este hallazgo es relevante para la práctica clínica con población joven, donde buena parte de las rupturas ocurre precisamente en relaciones no cohabitantes.
5. Moderadores: qué diferencia una trayectoria de otra
Calidad del vínculo previo y tolerancia al control
Como se señaló, el hallazgo cualitativo de Shulman et al. (2026) posiciona la calidad del vínculo previo —específicamente, la tolerancia a dinámicas de control— como un moderador central de la trayectoria post-ruptura. Esto tiene una implicancia clínica directa: la evaluación de la relación que se disolvió (no solo del evento de la ruptura en sí) debería ser parte sistemática de la anamnesis en pacientes que consultan por malestar post-disolución.
Rasgos de resiliencia
O'Sullivan et al. (2019) examinaron cómo rasgos disposicionales asociados a la resiliencia moderan el ajuste tras una ruptura en la adultez emergente, encontrando que estos rasgos amortiguan de forma significativa el impacto del evento sobre el ajuste psicológico posterior. Si bien este estudio antecede al período de evidencia más reciente priorizado en esta revisión, continúa siendo un referente metodológico relevante por incorporar variables disposicionales de forma explícita en el modelo de ajuste, y sus hallazgos son consistentes con los patrones más recientes de Shulman et al. (2026).
Apego y estrategias de afrontamiento como mecanismos mediadores
Fuera del foco estrictamente trayectorial, dos líneas de evidencia complementan este panorama y ayudan a explicar el "por qué" de las trayectorias de alto malestar. Gehl et al. (2024) muestran, mediante un modelo autorregresivo de rezagos cruzados, que la ansiedad de apego pre-ruptura predice síntomas depresivos y ansiosos post-ruptura a uno y tres meses, y que esta asociación está mediada por estrategias de afrontamiento específicas (autocastigo y acomodación). Dailey et al. (2024), por su parte, proponen un modelo comprensivo del distrés post-disolución que integra factores situacionales y personales, ofreciendo un marco útil para operacionalizar hipótesis clínicas sobre por qué un paciente particular podría estar en una trayectoria de riesgo. Adicionalmente, Eisma et al. (2022) documentan un sesgo de aproximación automática hacia la ex pareja en personas con apego deseado hacia ella, un mecanismo cognitivo-conductual que puede sostener el malestar en el tiempo y que resulta clínicamente observable en la dificultad de un paciente para desvincularse conductualmente (contacto, redes sociales) incluso cuando verbaliza el deseo de hacerlo.
6. Implicancias clínicas: identificar tempranamente una trayectoria de riesgo
De la evidencia revisada se desprenden algunos criterios operativos útiles para la formulación de caso:
- Evaluar la relación disuelta, no solo el evento de ruptura. La presencia de dinámicas de control tolerado en la relación previa es un indicador de riesgo de trayectoria de malestar alto y sostenido (Shulman et al., 2026).
- Diferenciar afecto agudo de trayectoria sostenida. Un pico de malestar en las primeras semanas es consistente con el curso natural esperado (Acolin et al., 2023; Asselmann & Specht, 2023); la persistencia de niveles altos más allá de ese período, sin atenuación, es la señal de alarma más relevante.
- Explorar el estilo de apego y las estrategias de afrontamiento activas. La ansiedad de apego combinada con afrontamiento evitativo o autopunitivo predice peor ajuste a corto y mediano plazo (Gehl et al., 2024).
- Indagar conducta de aproximación hacia la ex pareja. Dificultad sostenida para reducir el contacto o el monitoreo digital, más allá de la intención declarada del paciente, es consistente con el sesgo de aproximación automática descrito por Eisma et al. (2022) y amerita intervención conductual específica.
- No patologizar el curso natural. Dado que la mayoría de las personas sigue una trayectoria de recuperación relativamente rápida (Acolin et al., 2023), es clínicamente relevante evitar sobre-intervenir en presentaciones que corresponden a un ajuste normativo, reservando intervención activa para quienes muestran indicadores de la trayectoria de riesgo.
7. Limitaciones metodológicas de la literatura actual
Varias limitaciones deben tenerse presentes al trasladar esta evidencia a la práctica clínica. Primero, la mayoría de los estudios de trayectorias latentes en este ámbito específico —a diferencia de la literatura más amplia sobre duelo y trauma— cuenta aún con pocas réplicas independientes; el estudio de Shulman et al. (2026), pese a su solidez longitudinal, se basa en una muestra relativamente pequeña (N = 124) y culturalmente específica (adultos emergentes israelíes), lo que limita la generalización directa a otras poblaciones, incluida la chilena. Segundo, buena parte de la evidencia sobre moderadores (apego, afrontamiento, resiliencia) proviene de diseños correlacionales o de mediación estadística, no de diseños experimentales, por lo que las relaciones descritas deben interpretarse como asociaciones robustas y no como relaciones causales establecidas. Tercero, la mayoría de los estudios revisados opera con muestras universitarias o de países de altos ingresos, lo que limita la validez transcultural de los hallazgos y subraya la necesidad de investigación local sobre trayectorias de recuperación post-ruptura en población hispanohablante.
8. Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia un modelo de "curso natural" de un análisis de trayectorias latentes?
El primero estima una curva promedio de síntomas en el tiempo para todo el grupo (Acolin et al., 2023); el segundo identifica subgrupos con formas de trayectoria cualitativamente distintas entre sí, en lugar de asumir una sola curva con variación aleatoria (Shulman et al., 2026). Para la práctica clínica, el segundo enfoque es más útil porque permite ubicar a un paciente particular dentro de un perfil, no solo compararlo con un promedio.
¿Qué proporción de personas sigue una trayectoria de malestar alto y sostenido tras una ruptura?
En el único estudio de trayectorias latentes disponible con seguimiento a largo plazo en adultez emergente, esta proporción fue de aproximadamente un tercio de la muestra (Shulman et al., 2026). Es un hallazgo preliminar que requiere replicación, pero orienta la magnitud del subgrupo clínicamente relevante.
¿La calidad de la relación previa predice mejor la trayectoria que las características individuales del paciente?
La evidencia cualitativa disponible sugiere que ambos factores interactúan: la tolerancia a dinámicas de control en la relación previa aparece como un moderador central (Shulman et al., 2026), mientras que el apego y las estrategias de afrontamiento explican mecanismos mediadores adicionales (Gehl et al., 2024). No son hipótesis mutuamente excluyentes.
¿Es apropiado psicoeducar a un paciente sobre el "curso natural" de recuperación?
Sí, con matices. Puede ser útil para normalizar el malestar agudo inicial (Acolin et al., 2023; Asselmann & Specht, 2023), pero debe evitarse su uso como expectativa prescriptiva rígida, dado que un subgrupo no menor de pacientes no sigue ese patrón y requiere una lectura clínica distinta.
9. Conclusión
La evidencia acumulada entre 2022 y 2026 desplaza la pregunta clínica desde "cuánto dura el duelo por una ruptura" hacia "qué trayectoria está siguiendo este paciente y qué la sostiene". Los modelos de curso natural confirman que la recuperación relativamente rápida es la norma estadística; los análisis de trayectorias latentes revelan, al mismo tiempo, un subgrupo minoritario pero clínicamente significativo cuyo malestar se mantiene alto y estable en el tiempo, asociado en gran medida a la calidad del vínculo disuelto y a mecanismos de apego y afrontamiento identificables. Para la práctica clínica, esto sugiere una evaluación diferenciada desde el primer contacto: no todas las rupturas duelen igual, y tampoco deberían intervenirse igual.
10. Disclaimer
Este artículo es de carácter informativo y no sustituye la atención profesional. Si tienes preocupaciones relacionadas con el apego y la salud mental, te animo a consultar con un profesional acreditado.
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11. Sobre la Autora
Herling Sanhueza Yáñez, es psicóloga clínica, terapeuta de pareja y familia y especialista en psicoterapia. Es psicóloga de la Universidad de Concepción y Magíster en Psicología Comunitaria por la Universidad de Chile. Cuenta con formación especializada en Terapia Familiar y de Parejas y experiencia clínica en distintos contextos de atención psicológica en Chile.
Su práctica integra modelos psicoterapéuticos con respaldo empírico, incluyendo Terapia Centrada en las Emociones (EFT), Método Gottman, Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia Conductual Integrativa de Pareja (IBCT), Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) y Terapia Breve Estratégica, seleccionando las estrategias de intervención de acuerdo con las características y necesidades de cada caso.
12. Referencias bibliográficas
Acolin, J., Cadigan, J. M., Fleming, C. B., Rhew, I. C., & Lee, C. M. (2023). Trajectory of depressive symptoms in the context of romantic relationship breakup: Characterizing the "natural course" of response and recovery in young adults. Emerging Adulthood, 11(5), 1211–1222. https://doi.org/10.1177/21676968231184922
Asselmann, E., & Specht, J. (2023). Changes in happiness, sadness, anxiety, and anger around romantic relationship events. Emotion, 23(4), 986–996. https://doi.org/10.1037/emo0001153
Dailey, R. M., Zhong, L., Varga, S., Zhang, Z., & Kearns, K. (2024). Explicating a comprehensive model of post-dissolution distress. Journal of Social and Personal Relationships, 41(4), 1018–1052. https://doi.org/10.1177/02654075231207588
Eisma, M. C., Tõnus, D., & de Jong, P. J. (2022). Desired attachment and breakup distress relate to automatic approach of the ex-partner. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 75, Artículo 101713. https://doi.org/10.1016/j.jbtep.2021.101713
Gehl, K., Brassard, A., Dugal, C., Lefebvre, A.-A., Daigneault, I., Francoeur, A., & Lecomte, T. (2024). Attachment and breakup distress: The mediating role of coping strategies. Emerging Adulthood, 12(1), 41–54. https://doi.org/10.1177/21676968231209232
O'Sullivan, L. F., Hughes, K., Talbot, F., & Fuller, R. (2019). Plenty of fish in the ocean: How do traits reflecting resiliency moderate adjustment after experiencing a romantic breakup in emerging adulthood? Journal of Youth and Adolescence, 48(5), 949–962. https://doi.org/10.1007/s10964-019-00985-5
Preetz, R. (2022). Dissolution of non-cohabiting relationships and changes in life satisfaction and mental health. Frontiers in Psychology, 13, Artículo 812831. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.812831
Sanhueza Yáñez, H. (2022). Interrogating Chilean community psychology in times of crisis. En The Routledge International Handbook of Community Psychology. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780429325663-9
Shulman, S., Yonatan-Leus, R., Strauss, A., & Gabay, T. (2026). Breakup distress trajectories across emerging adulthood and the quality of romantic relationships: A mixed-method study. Emerging Adulthood. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1177/21676968251403227
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