Introducción

La terapia de pareja no es un recurso de última instancia, sino una intervención psicológica basada en evidencia que puede reducir el malestar relacional y promover una relación más satisfactoria y funcional. Muchas parejas posponen la consulta porque creen que “todavía no es para tanto”, que pueden resolverlo solas o que acudir a un profesional equivale a admitir el fracaso de la relación. Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que esperar demasiado puede favorecer la consolidación de dinámicas de conflicto, profundizar el distanciamiento emocional y dificultar la resolución de los problemas. Consultar a tiempo permite abordar los patrones destructivos antes de que se vuelvan más rígidos.

La idea de que la terapia de pareja se busca solo cuando la relación está “a punto de terminar” sigue siendo muy extendida. En la práctica, muchas parejas llegan a consulta después de años de discusiones repetidas, distancia emocional, desconfianza, dificultades sexuales, conflictos por la crianza o una sensación creciente de soledad dentro de la relación.

Durante mucho tiempo se difundió que las parejas esperaban unos seis años antes de buscar ayuda. Investigaciones más recientes han matizado esa cifra: un estudio publicado en Journal of Marital and Family Therapy encontró que, entre personas que asistían a terapia de pareja, el tiempo promedio entre el inicio de los problemas que dañaban la relación y el ingreso al tratamiento fue de 2,68 años. Además, el tiempo medio entre comenzar a considerar la terapia y efectivamente iniciarla fue de 1,89 años (Doherty et al., 2021). Aunque la espera parece menor de lo que se creía, sigue siendo considerable: la gran mayoría de las parejas ingresó a tratamiento dentro de los dos años posteriores al inicio de los problemas, pero una proporción importante esperó tres, cuatro o más años.

La pregunta relevante no es solo cuánto demoran las parejas en consultar, sino qué ocurre durante esa espera. La evidencia indica que el malestar relacional tiende a mantenerse cuando no se recibe tratamiento y que la terapia de pareja produce mejoras relevantes en satisfacción, comunicación, intimidad emocional y conductas relacionales (Lebow & Snyder, 2022; Roddy et al., 2020). Este artículo revisa qué dice la investigación de los últimos años sobre el momento oportuno para consultar, qué beneficios ofrece la terapia, qué barreras retrasan la decisión y cómo distinguir entre una crisis puntual y una señal de que conviene pedir apoyo profesional.

¿Qué significa “esperar demasiado” en terapia de pareja?

Esperar demasiado no se mide únicamente en años. Una pareja puede consultar pronto después de una infidelidad, pero haber tolerado durante mucho tiempo críticas, evitación emocional, desequilibrio en las tareas domésticas o discusiones que nunca se reparan. Por el contrario, otra pareja puede demorar en pedir ayuda ante un problema específico, pero conservar habilidades de diálogo, respeto y vínculo que facilitan el cambio.

Desde una perspectiva clínica, la demora se vuelve preocupante cuando aparecen algunas de estas condiciones:

- Los conflictos se repiten sin resolverse y terminan en las mismas discusiones.

- Uno o ambos miembros evitan hablar por miedo a discutir.

- Hay distancia afectiva, falta de intimidad o sensación de vivir “como compañeros de casa”.

- Aparecen resentimientos acumulados que dificultan reparar después de los desacuerdos.

- Se utilizan con frecuencia críticas, desprecio, actitud defensiva o evitación del diálogo.

- La relación se convierte en una fuente sostenida de malestar, ansiedad, tristeza o irritabilidad.

- Existen conductas que comprometen la seguridad, el respeto o los límites personales.

Qué dice la evidencia reciente

La terapia de pareja funciona para muchas parejas

Las revisiones y los metaanálisis recientes coinciden en que la terapia de pareja es eficaz para el malestar relacional. En una revisión de la evidencia sobre terapia de pareja e intervenciones sistémicas, Carr (2025) recoge la conclusión de Bradbury y Bodenmann (2020) de que entre el 60% y el 80% de las parejas con malestar se beneficia de enfoques conductuales o centrados en las emociones, y que cerca de la mitad mantiene las mejoras a los dos años.

Un metaanálisis de 58 estudios, con 40 muestras únicas y 2 092 parejas, encontró un efecto amplio de la terapia de pareja sobre la satisfacción relacional —Hedges g = 1,12—, además de mejoras en la comunicación autoinformada y observada, la intimidad emocional y las conductas entre los miembros de la pareja (Roddy et al., 2020). El mismo análisis señaló que las parejas asignadas a listas de espera no mostraron mejoras significativas durante el período de espera, un dato relevante frente a la idea de que “el tiempo lo arregla todo”.

Esto no significa que la terapia garantice permanecer juntos ni que todas las parejas mejoren por igual. Significa que, en promedio, la probabilidad de mejorar es mayor con tratamiento que sin él, especialmente cuando la intervención es estructurada y ambos miembros participan.

Los modelos con mayor respaldo

La evidencia disponible no respalda la idea de que exista un único “mejor modelo” para todas las parejas. La revisión de Lebow y Snyder (2022) concluye que varios modelos con apoyo empírico —entre ellos la terapia conductual de pareja, la terapia cognitivo conductual de pareja, la terapia focalizada en las emociones, la terapia Gottman y la terapia integrativa conductual de pareja— muestran evidencia de eficacia, aunque con diferencias en el tipo y la solidez del respaldo.

En el caso de la terapia focalizada en las emociones (EFT), metaanálisis previos encontraron efectos de mediano a gran tamaño sobre el malestar relacional, tanto al finalizar el tratamiento como en el seguimiento (Rathgeber et al., 2019; Spengler et al., 2022). La conclusión práctica es que el modelo específico importa, pero es aún más relevante que la pareja reciba una intervención fundamentada, con objetivos claros, participación activa de ambos miembros y un profesional capacitado en trabajo relacional.

Esperar no suele mejorar el problema por sí solo

La revisión de Lebow y Snyder (2022) señala que, a diferencia de algunos problemas que pueden remitir espontáneamente, la investigación muestra escasa mejora en la satisfacción de pareja entre parejas con malestar que no reciben terapia. Es decir, la espera pasiva no equivale a “darle tiempo a la relación”: en muchos casos, puede permitir que los patrones negativos se fortalezcan frente a factores complejos como el estrés laboral, la crianza, las finanzas o las diferencias de valores.

Conviene precisar que los estudios sobre tiempos de espera miden principalmente el intervalo entre el inicio de los problemas y la consulta, no necesariamente el deterioro causado por esperar. Aun así, la ausencia de mejoras significativas en grupos de lista de espera respalda la idea de que el paso del tiempo, por sí solo, no suele resolver el malestar relacional.

Por qué las parejas demoran en consultar

Creencias sobre la terapia

Una de las barreras más frecuentes es el estigma y la creencia de que pedir ayuda profesional significa fracasar. Muchas personas interpretan la terapia como una admisión de que la relación está rota, cuando en realidad puede entenderse como una herramienta de cuidado, prevención y fortalecimiento.

La evidencia sobre las barreras para acceder a terapia de pareja identificó seis categorías principales: costo del tratamiento, logística, modalidad de tratamiento, confiabilidad o confianza en el profesional, factores relacionales y claridad del proceso terapéutico (Hubbard et al., 2022). También se identificaron el temor al trabajo emocional y los factores actitudinales —pensar que la terapia no es necesaria o que cada uno debe resolver sus problemas por sí mismo— como elementos disuasorios relevantes.

Desacuerdo entre los miembros y logística

Otra barrera habitual es el desacuerdo sobre asistir a consulta: cuando una persona quiere ir y la otra se resiste por miedo a ser juzgada, temor a que el profesional “tome partido”, vergüenza o desconfianza en la efectividad del proceso. A esto se suman obstáculos reales, como el costo económico, la disponibilidad de horarios, la crianza y la coordinación de agendas.

¿Cuándo conviene consultar?

Señales tempranas

No hace falta esperar a una crisis grave para consultar. De hecho, la terapia puede ser más útil cuando la pareja todavía conserva disposición para dialogar, interés mutuo y capacidad de reparar después de los conflictos.

Algunas señales tempranas incluyen:

- Discusiones recurrentes sobre el mismo tema sin avances.

- Dificultad para expresar necesidades sin atacar o defenderse.

- Sensación de no ser escuchado o comprendido.

- Disminución del tiempo de calidad compartido.

- Evitación de conversaciones importantes.

- Malestar después de discutir que persiste durante días.

- Diferencias crecientes sobre crianza, dinero, sexualidad o proyectos futuros.

Señales de mayor urgencia

Existen situaciones en las que posponer la consulta puede tener consecuencias más serias:

- Infidelidad o ruptura de confianza que ninguno de los dos logra procesar.

- Violencia, intimidación, control o miedo dentro de la relación.

- Consumo de sustancias u otros problemas que afectan directamente la convivencia y la seguridad.

- Ideación suicida, autolesiones o deterioro importante de la salud mental de alguno de los miembros.

- Conflictos intensos frente a hijos u otras personas dependientes.

- Sensación de que la relación ya no es segura emocional o físicamente.

En casos de violencia de pareja, la terapia conjunta no siempre es la primera ni la más segura intervención. La prioridad es evaluar la seguridad, establecer límites y derivar a recursos especializados cuando corresponda.

¿Qué se trabaja en terapia de pareja?

La terapia de pareja no consiste en decidir quién tiene la razón ni en convencer a una persona de cambiar para complacer a la otra. Su propósito es comprender el patrón relacional y generar condiciones para un vínculo más seguro, respetuoso y funcional.

Un proceso habitual puede incluir:

- Evaluación inicial: explorar la historia de la relación, los conflictos actuales, las fortalezas, las expectativas y los factores de riesgo.

- Formulación del ciclo conflictivo: identificar cómo se activan, escalan y mantienen las discusiones.

- Mejora de la comunicación: desarrollar habilidades para expresar necesidades, escuchar, validar y reparar.

- Trabajo emocional: reconocer emociones primarias —como miedo, tristeza, vergüenza o soledad— que pueden estar debajo de la ira o la retirada.

- Reconstrucción de la confianza: especialmente relevante tras rupturas de confianza, infidelidades o mentiras.

- Acuerdos concretos: establecer cambios prácticos en la convivencia, la crianza, la sexualidad, las finanzas o el manejo del tiempo.

- Prevención de recaídas: preparar a la pareja para manejar futuros desacuerdos sin repetir los patrones dañinos.

Preguntas frecuentes

¿La terapia de pareja es solo para parejas que quieren separarse?

No. Aunque puede ayudar a tomar decisiones difíciles, también se utiliza para prevenir conflictos, mejorar la comunicación, prepararse para la convivencia, afrontar cambios vitales o fortalecer el vínculo. La evidencia muestra beneficios significativos en satisfacción, comunicación, intimidad y conductas relacionales (Roddy et al., 2020).[2]

¿Cuánto tiempo debemos esperar antes de consultar?

No existe una cifra universal. La investigación encontró que el tiempo promedio entre el inicio de los problemas y el ingreso a terapia fue de 2,68 años, aunque los tiempos varían según la muestra. Como orientación clínica, conviene consultar cuando el conflicto se repite, no se repara o comienza a afectar el bienestar de alguno de los miembros (Doherty et al., 2021).

¿Ambos miembros deben querer ir a terapia?

Idealmente, sí, porque la terapia de pareja trabaja la interacción entre ambos. Sin embargo, si una persona no está lista, la otra puede iniciar un proceso individual para clarificar sus necesidades, regular sus reacciones y explorar formas saludables de abordar el problema. Esto no reemplaza la terapia de pareja, pero puede ser un primer paso.

¿La terapia garantiza que la pareja seguirá junta?

No. La terapia puede ayudar a mejorar la relación, pero también puede ayudar a una pareja a separarse de manera más consciente, respetuosa y menos dañina. El objetivo no es mantener la relación a cualquier costo, sino promover decisiones informadas, seguras y coherentes con el bienestar de ambas personas.

¿Qué tan efectiva es la terapia de pareja?

Las revisiones recientes indican que entre el 60% y el 80% de las parejas con malestar relacional se beneficia de enfoques conductuales o emocionalmente focalizados, aunque los efectos pueden disminuir con el tiempo en una parte de las parejas (Bradbury & Bodenmann, 2020, citado en Carr, 2025). La mejora suele ser mayor cuando hay participación activa, objetivos claros y continuidad en el proceso.

¿Qué pasa si el problema es la infidelidad?

La infidelidad no determina automáticamente el fin de la relación, pero sí requiere un trabajo cuidadoso. La terapia puede ayudar a detener conductas que agravan el daño, procesar el impacto emocional, comprender los factores contextuales y decidir si es posible —y deseable— reconstruir la confianza. En estos casos, la seguridad emocional y la transparencia son fundamentales.

¿La terapia en línea es igual de efectiva?

La teleterapia puede ser una alternativa útil cuando reduce barreras de acceso, pero su adecuación depende del problema, la seguridad de la relación y la capacidad de ambos miembros para participar. No todos los casos son equivalentes; ante violencia, riesgo suicida o crisis agudas, puede requerirse una evaluación presencial o una derivación especializada.

¿Cuándo no es adecuada la terapia de pareja conjunta?

Cuando existe violencia física, coerción, control severo, miedo intenso o riesgo para la seguridad, la terapia conjunta puede no ser segura. En esos casos, se recomienda priorizar una evaluación de riesgo y apoyo individual o especializado. La seguridad de las personas debe anteponerse a la meta de “salvar la relación”.

¿Qué ocurre si uno de los dos tiene un diagnóstico de salud mental, como depresión o ansiedad?

La salud mental individual y la salud relacional se influyen mutuamente. En estos casos, el proceso terapéutico se adapta para abordar cómo el malestar individual impacta la dinámica de la pareja y viceversa. Según el caso, se puede recomendar complementar la terapia de pareja con un proceso psicoterapéutico o psiquiátrico individual.

¿Cómo saber si nuestro terapeuta de pareja es el adecuado?

Un buen profesional de pareja debe mantener una postura imparcial, sin tomar partido; contar con formación específica en trabajo relacional y establecer un marco de trabajo claro, con objetivos compartidos. Si alguno de los miembros siente que el terapeuta actúa como “juez” o no evalúa la seguridad dentro de la sesión, es válido solicitar una reevaluación o buscar otra alternativa.

¿Cuánto suele durar un proceso completo de terapia de pareja?

La duración varía ampliamente según la complejidad del problema. Mientras que algunas intervenciones focalizadas o psicoeducativas pueden resolverse en 8 a 12 sesiones, situaciones más complejas —como la reconstrucción tras una infidelidad o patrones de conflicto cronificados durante años— pueden requerir procesos más extensos para consolidar cambios sostenibles en el tiempo.

Disclaimer

Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No sustituye una evaluación psicológica, psiquiátrica ni psicoterapéutica individualizada. Si experimentas violencia, miedo, coerción, ideación suicida, autolesiones o una crisis grave de salud mental, busca apoyo profesional urgente o contacta a los servicios de emergencia o de salud de tu localidad. La decisión de iniciar terapia de pareja, terapia individual u otra intervención clínica debe tomarse junto a un profesional calificado que evalúe las particularidades de tu situación.

Sobre la autora

Herling Sanhueza Yáñez es psicóloga clínica, terapeuta de pareja y familia y especialista en psicoterapia. Es psicóloga de la Universidad de Concepción y Magíster en Psicología Comunitaria por la Universidad de Chile. Cuenta con formación especializada en Terapia Familiar y de Parejas y experiencia clínica en distintos contextos de atención psicológica en Chile. Su práctica integra modelos psicoterapéuticos con respaldo empírico, incluyendo Terapia Centrada en las Emociones (EFT), Método Gottman, Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia Conductual Integrativa de Pareja (IBCT), Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) y Terapia Breve Estratégica, seleccionando las estrategias de intervención de acuerdo con las características y necesidades de cada caso.

Referencias

Bradbury, T. N., & Bodenmann, G. (2020). Interventions for couples. Annual Review of Clinical Psychology, 16, 99–123. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-071519-020546

Carr, A. (2025). Couple therapy and systemic interventions for adult-focused problems: The evidence base. Journal of Family Therapy, 47(1), e12481. https://doi.org/10.1111/1467-6427.12481

Doherty, W. J., Harris, S. M., Hall, E. L., & Hubbard, A. K. (2021). How long do people wait before seeking couples therapy? A research note. Journal of Marital and Family Therapy, 47(4), 882–890. https://doi.org/10.1111/jmft.12479

Hubbard, A. K., & Anderson, J. R. (2022). Understanding barriers to couples therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 48(4), 1147–1162. https://doi.org/10.1111/jmft.12589

Lebow, J. L., & Snyder, D. K. (2022). Couple therapy in the 2020s: Current status and emerging developments. Family Process, 61(4), 1359–1385. https://doi.org/10.1111/famp.12824

Rathgeber, M., Bürkner, P.-C., Schiller, E.-M., & Holling, H. (2019). The efficacy of emotionally focused couples therapy and behavioral couples therapy: A meta-analysis. Journal of Marital and Family Therapy, 45(3), 447–463. https://doi.org/10.1111/jmft.12336

Roddy, M. K., Walsh, L. M., Rothman, K., Hatch, S. G., & Doss, B. D. (2020). Meta-analysis of couple therapy: Effects across outcomes, designs, timeframes, and other moderators. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 88(7), 583–596. https://doi.org/10.1037/ccp0000514

Spengler, P. M., Lee, N. A., Wiebe, S. A., & Wittenborn, A. K. (2024). A comprehensive meta-analysis on the efficacy of emotionally focused couple therapy. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 13(2), 81–99. https://doi.org/10.1037/cfp0000233

Para tus documentos: si en el texto citas "Spengler et al., 2022" o "Hubbard et al., 2022", cámbialas a "Spengler et al., 2024" y "Hubbard & Anderson, 2022". Si alguna afirmación se apoyaba en el Spengler de 2022 (por ejemplo, un porcentaje o tamaño de efecto), conviene revisarla contra el artículo de 2024, que reporta d = .93 pre-post y que el 70% de las parejas queda sin síntomas al final del tratamiento.

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