Mi hijo no pone atención: ¿es TDAH o es la edad?

Dr. Raúl Riquelme Peña, psiquiatra y psicoterapeuta · 2:49 · Publicado el 19 de octubre de 2026

Cuando un niño no pone atención en clase, la palabra TDAH aparece rápido. En este video breve, el Dr. Raúl Riquelme Peña, psiquiatra y psicoterapeuta, revisa qué conviene mirar antes de ponerle un nombre: los más chicos de cada curso reciben el diagnóstico con más frecuencia, ninguna escala ni examen diagnostica por sí solo, y en treinta años aumentó el diagnóstico, pero no la proporción de niños que cumple los criterios. También habla de las niñas que se distraen en silencio y pasan años sin que nadie lo note, de lo que una etiqueta puede tapar y de por qué en la infancia los diagnósticos se escriben con lápiz.

Guion del Dr. Raúl Riquelme Peña · voz recreada con IA. Contenido educativo: no reemplaza una evaluación profesional.

Revisión clínica: Dr. Raúl Riquelme Peña, 31 de octubre de 2026.

Capítulos del video

  1. 0:00El mes en que nació
  2. 0:25La queja llega antes que el niño
  3. 0:39Una escala no basta
  4. 0:54Más diagnósticos, no más niños
  5. 1:20Las niñas que no se ven
  6. 1:34Lo que la etiqueta tapa
  7. 1:47Diagnósticos escritos con lápiz
  8. 2:10Compararlo con él mismo

Para madres, padres y cuidadores a quienes el colegio o la familia ya les habló de déficit atencional, y que quieren ordenar sus preguntas antes de consultar. El video no diagnostica ni reemplaza una evaluación profesional.

Transcripción del video

Es el guion del video, el mismo texto que se escucha.

¿Sabías que el mes en que nace un niño puede influir en que lo diagnostiquen con déficit atencional? Los más chicos de cada curso tienen casi un cuarenta por ciento más de probabilidades.

Muchas veces no es un trastorno: es la edad. Tienen meses menos de vida, y se los compara con compañeros casi un año mayores. Lo que es propio de su edad se lee como un problema.

Casi ningún niño pide ayuda por su atención: lo traen. Y antes de que alguien le pregunte qué le pasa, ya llegó una queja. Del colegio, de la casa, o de una escala con casillas marcadas.

Una escala muestra lo que un adulto ve en un lugar, no lo que el niño vive. Una revisión de más de doscientos estudios concluyó que ninguna escala, prueba ni imagen del cerebro diagnostica por sí sola.

Y hay otro dato. En treinta años, la proporción de niños que cumple los criterios no aumentó. Lo que aumentó fue el diagnóstico, sobre todo en los casos leves, donde el beneficio es menos claro.

Además, casi ocho de cada diez niños con este diagnóstico tienen al mismo tiempo otra dificultad: ansiedad, problemas de conducta o de aprendizaje.

Y pasa lo contrario también: muchas niñas que se distraen en silencio, sin molestar a nadie, pasan años sin que nadie lo note. No es que siempre sobren o falten diagnósticos: es que a veces se mira mal.

Y detrás de un niño que no atiende puede haber una pena, un miedo que no sabe decir, una forma distinta de vincularse. Si la etiqueta llega primero, a veces tapa lo que el niño está viviendo.

Por eso se dice que en la infancia los diagnósticos se escriben con lápiz. No para negar una dificultad real, que existe y merece ayuda, sino para poder revisarlos a medida que el niño crece.

Un nombre puede aliviar: explica, quita culpas, abre ayudas. Pero también puede pesar, si el niño empieza a creer que él es eso.

Quizás la primera pregunta no es qué tiene, sino qué está viviendo. ¿Dónde y con quién desaparece la dificultad? ¿Qué lo absorbe? ¿Qué le decimos que es? Y compararlo con él mismo, no con el promedio del curso.

Un buen diagnóstico se toma su tiempo, escucha a varios adultos y, sobre todo, al niño. ¡Míralo a él antes que a la etiqueta!

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Test orientativo de TDAH para adolescentes y adultos (si la pregunta es por ti; no es un diagnóstico)